Historia  de Nuestra  Señora de Altagracia

Investigación de Javier Caldera.
Tomado del Libro La Madre de Dios en el Zulia de Adolfo Romero Luengo. Caracas 1993
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Patrona de la República Dominicana. Su imagen, en Retablo, se encuentra en la ciudad de Higey, capital de la Provincia del mismo nombre, en el oriente del país, en donde se levanta la Basílica de Altagracia. Allí se venera esta imagen de la milagrosa Virgen que los dominicanos exaltan con fervoroso amor en todo el país o en donde se encuentren. Su culto está arraigado desde los primeros tiempos misionales.

Cuenta la tradición dominicana que un anciano anónimo entregó el retablo de la Virgen de Altagracia a los encomenderos Alonso y Antonio de Trexo, cuando éstos se encontraban en una posada; que de aquí, la llevaron a la Villa de Salvaleón de Higey, en donde comenzó a ser venerada; que muy pronto se extendió su devoción y el culto se arraigó en el pueblo que desde entonces la ha proclamado su Patrona.

De allá vino su imagen y su devoción para echar raíces en los Puertos de Altagracia, capital del Municipio Autónomo Miranda. También este pueblo, con el tiempo, la hizo su Patrona.

En 1941 el Pbro. Mariano José Parra León, Párroco entonces de Altagracia nos dice:

Con respecto a nuestra Patria, la Virgen Santísima ha querido manifestar su predilección por este tan querido suelo enriqueciéndolo con milagrosas imágenes y derramando a manos llenas sus bondades y misericordias. Formando parte de ese concierto armonioso está, desde el siglo XVII, nuestro pueblo altagraciano que escogió para honrar a la Santísima Virgen la conmemoración del privilegio por excelencia, de la más alta gracia con que Dios enriqueció a María: la Divina Maternidad.

Se cree que la devoción de la Virgen de Altagracia la introdujeron en este pueblo los Misioneros Agustinos Ermitaños por el año de 1600. Esta es la fecha de la fundación de los Puertos de Altagracia según ha sido establecida por los historiadores, aunque hay quienes piensan en el año de 1529, cuando el Adelantado Ambrosio Alfínger pasó por este pueblo de indígenas para dirigirse por el lago a la costa occidental donde fundó a Maracaibo. Según registra la historia de la obra misionera de los Padres Agustinos, procedentes de la Provincia de Gracia y establecidos en su Convento de Mérida, estos Misioneros pasaron a Gibraltar por el año de 1591 en donde fundaron un centro de procuración, que además de ocuparse de asuntos de abastecimiento para la comunidad.

[. . . ] "atendían a las necesidades espirituales de los fieles en una Iglesia, donde se veneraba la Imagen del Santo Cristo, abogado de los navegantes.

Esta casa de procuración estaba dedicada a Nuestra Señora de Gracia, titular de la Provincia, cuyos religiosos recorrieron toda la cuenca del lago de Maracaibo hasta los puertos frente a Maracaibo, propagando la devoción a Nuestra Señora de Gracia o Altagracia, que desde principios del siglo XVII es la patrona y titular de los Puertos de Altagracia.

Sin embargo, cuenta la tradición que el arraigo de esta devoción se debe, además, al acierto de una familia dominicana que en remota época llegó a este pueblo y trajo consigo un retablo de Nuestra Señora de La Altagracia. De acuerdo con esto, a partir de entonces la venerada imagen comenzaría a recibir culto en la Iglesia Parroquial.


En consecuencia, cualquiera que haya sido el origen de esta devoción, lo cierto es que en el tiempo y en el espacio, la Virgen de Altagracia hasta el presente domina el corazón de los pueblos mirandinos del Zulia.


El Señor Obispo Mariano Martí al llegar a los Puertos de Altagracia para iniciar en la Iglesia de este pueblo su Visita Pastoral a la Vicaría de Maracaibo, realizada en 1774, registra en su inventario la imagen de Nuestra Señora de Altagracia, que por la forma como la describe da la impresión de que no se trata ya del retablo dominicano, pues, al referirse al Altar Mayor el Señor Obispo dice que hay un:

[. . . ] nicho pintado y dorado en partes donde está colocada la efigie de Nuestra Señora de Altagracia patrona de esta iglesia de una vara de alto de talla estofada y con su peana de madera dorada, manto de tela de oro, corona imperial de plata dorada [. . . ]

Mas adelante se refiere a

[. . . ] unas andas de madera talladas y doradas con su toldillo que sirven a la efigie de Nuestra Señora de Altagracia [ . . . ] sobre el pulpito una efigie de pincel de Nuestra Señora de Altagracia con su marco de negro salpicado [ . . . ] una corona de plata sobredorada la misma que se ha expresado tiene puesta la efigie de Nuestra Señora de Altagracia, que pesa cuatro onzas y media [. . . ] la diadema de dicha efigie que pesa media onza [. . . ] una cadenita de oro de la efigie de Nuestra Señora de Altagracia que vale doce pesos y cuatro reales [. . .]   un rosario de la misma efigie que vale tres pesos y siete reales [. . . ] una trencilla de oro que vale cuatro pesos [. . . ] unas pulseras de nueve hebras de perlas cada una con cincuenta y cinco dichas con broches de oro que valen cuatro pesos [. . . ] unos sarcillos de oro y perlas de la efigie de Nuestra Señora de Altagracia evaluados en diez pesos y cuatro reales.

Ese inventario que contiene muchas otras cosas, es revelador de la importancia de esta iglesia y de la preocupación de la feligresía por el esplendor del culto a la Virgen de Altagracia. Es de observar que para 1714, cuando fue creada la Parroquia, existía una Cofradía y se contaba, entre otros recursos, hatos de ganado destinados al mantenimiento de esta Iglesia, a pesar de que los feligreses en su mayoría eran pobres.

Como se desprende de las joyas y de otros objetos destinados para  embellecer la imagen de la Virgen, no se trata de un simple retablo como el que se menciona cuando se hace referencia al de la tradición dominicana, que habría sido la primera imagen de Altagracia venerada en los Puertos. ¿Que ocurrió con ese retablo? No tenemos información alguna. Igualmente desconocemos referencias posteriores a la imagen descrita por el Obispo Martí. Mas lo importante es, la presencia activa de Nuestra Señora de Altagracia en el templo parroquial en donde el pueblo mirandino le rinde culto y la exalta con el nobilísimo título de Madre y Patrona.

La imagen de Altagracia que actualmente se venera en dicho templo, según una tradición oral de generaciones de fines del pasado siglo y de comienzo del presente, es de origen español, y si esa versión tiene alguna validez histórica, la llegada de esa imagen a este pueblo habría sido por el año de 1874, tiempo en el que se registra la llegada de España de la imagen de la Inmaculada Concepción a la iglesia parroquial de Santa Bárbara en Maracaibo, en virtud de que esa tradición oral hace referencia de que la Inmaculada y la Altagracia llegaron juntas. A esa circunstancia se debe, al parecer, la preocupación que existió por muchos años, hasta bien avanzada la tercera década de nuestro siglo, en un grupo de altagracianos y de maracaiberos, muy representativos de estas parroquias, por mantener una especie de competencia en el sentido de buscar cada año el mayor esplendor para las festividades patronales de la Inmaculada y de la Altagracia, respectivamente. Los puerteros viajaban a Maracaibo para estar en Santa Bárbara el 8 de diciembre. Maracaiberos de esta parroquia viajaban a los Puertos para estar en su iglesia de Altagracia el 26 de diciembre. Era una verdadera competencia de noble fervor mariano que identificaba a las dos feligresías hasta el punto de que los altares y las instalaciones y adornos interiores de ambos templos, llegaron a tener por mucho tiempo, un gran parecido que atraía la atención de sus visitantes.

Pero dentro de todo ese panorama mariano, alcanza relieves de muy alto aprecio, la celebración patronal del 26 de diciembre de cada año. En este caso, el programa que se elabora se inicia los primeros dias de diciembre con una ceremonia muy solemne y de mucha tradición que se conoce como la Bajada de la Virgen, que consiste en el descenso de la imagen desde su camarín que se encuentra en lo alto del altar principal, para ser recibida y venerada por los fíeles luego de ser colocada en el trono. Y así continúan los preparativos para el gran Día Patronal: el 26 de diciembre. En la mañana de este día el Obispo Diocesano celebra la Misa que reviste gran solemnidad por la extraordinaria concurrencia que llena las naves del templo y por la actuación de un coro especial. En horas de la tarde, la Virgen recorre en procesión las calles principales de la ciudad. Luego, en los días siguientes se hace el novenario. Finalmente las fiestas concluyen el 6 de enero con la Epifanía.

Estas fiestas patronales concentran gente de todas partes y los nativos de la región regresan en este día para rendirle culto a la patrona, organizados bajo un programa singular, ya tradicional que se conoce como "Vuelta al Terruño". Es entonces, la gran manifestación popular, el regocijo de un pueblo que da testimonio de su fe mariana.

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